CESAR MAGRINI

César Magrini

Soledad, y su opuesto, la compañía que estimula con su vecindad, parecen frecuentar la pintura de Laura Vidra, quien milita, y no sin dulzura, en las cada vez más nutridas, variadas y abigarradas filas de la pintura ingenua, también conocida como “naive”. Y entre las variadas verdades que establece, surge de sus cuadros la revelación a la que ella escapa, y a cómo lo hace, a lo cotidiano y a lo trivial, para internarse por los siempre riesgosos caminos de lo fantástico. Aquí es un decorado fastuoso, con cierto dejo oriental, y más allí una tierna pareja de novios judíos, celebrando el rito de su unión; mas allá son Adán y Eva, también en el momento de ser consagrada su pareja, debajo del árbol al cual debemos, por la presencia del demonio, tantos y tantos males. Laura revela, igualmente, ser capaz de penetrar, en un digno gesto de amor, en una cámara nupcial que se abre a un paisaje de amor, cuyas paredes están abiertas, igualmente, para recibir el misterio de la fecundación. Y todo esto sin grandes gestos ni vociferaciones, en voz baja, que a la postre es la que mejor y más claramente se hace escuchar, con los ojos (mientras las manos trabajan) puestos indesviablemente en la única pintura que merece ese hombre, y a la que ella se ha entregado totalmente; la genuina, la verdadera, la sincera y siempre derramando vida y alegría. Así permanece Laura Vidra, hacedora de sueños y pastora de bellezas.

César Magrini

Escritor y Crítico de arte